jueves, 27 de mayo de 2010

Tren de media noche


Y así fue como todo comenzó…
Huérfano desde los 5 años Joseph vivía en una pequeña villa alejada de las ciudades
Con su tía, quien lo adoptara al no tener ningún familiar restante. Era vieja ermitaña que vivía de lo que la tierra le daba y a pesar de su gran edad se veía joven y bien conservada.
Joseph vivió alejado de toda civilización pero aun siendo así, su tía lo educaba correctamente en todos los sentidos. Joseph era diferente a los demás niños aunque él nunca lo sabría ya que nunca conviviría con alguno, creció con su tía, las plantas que estos cultivaban y los sonidos del bosque.
Un bosque hermoso pero no muy confiable, al que se le tenía prohibido entrar, y Joseph siendo un niño diferente a los demás… nunca tuvo la mas mínima curiosidad de entrar a él, nunca siquiera le paso por la cabeza desobedecer a su tía.
Como era de esperarse creció, tenía ya 17 años y era suficientemente mayor como para seguir viviendo con su tía, según ella no era saludable para un chico de su edad vivir así toda su vida y después de haberlo educado durante tantos años decidió que en un año estaría listo para salir de casa, continuar sus estudios académicos, y formar una vida. Algo que ella jamás tubo.
Pero Joseph tenía miedo a partir, él quería quedarse pero aun le faltaba un año para salir de ahí, ya pensaría en algo.
Una noche salió a escondidas a fumar, una de las pocas cosas que le ocultaría de su tía, su adicción al tabaco. El cual se le formaría accidentalmente cuando cumplió 15 mientras en una visita de unos comerciantes con los que su tía hacia negocios vendiéndole vegetales, dejara olvidada una caja de cigarrillos sobre la mesa del recibidor.
Sufría de insomnio desde que tiene memoria. Le era difícil dormir por las noches, lo cual le formarían ojeras en su pálido rostro lo que aria una combinación extravagante con sus ojos de color. Su aspecto físico desalineado y su inseguridad reflejada en su mirada, lo hacía tan fácil de leer como un libro memorizado. Pero también reflejaba su inocencia y honestidad.
La luna llena lo tranquilizaba, el sonido del viento a través de el bosque silencioso como si no hubiera vida alguna más que árboles en el, silencio que para él era normal ya que no conocía mas sonido que ese, y humo de tabaco saliendo de su boca mientras se sentaba en el pórtico en una de las esquinas sobre el barandal de madera, sus pequeños momentos de calma y tranquilidad.
Esa tranquilidad que era simplemente pasajera, cuando su cabeza se llenaba de dudas, dudas personales las cuales no se atrevía a preguntar tal vez por simple pena o tal vez porque quería averiguarlo por sí mismo.
A veces, como todo ser humano lloraba y sus lagrimas parecían adornar su rostro. Lo que lo diferenciaba de los demás es que sus lagrimas eran provocadas por la confusión, a veces por el agotamiento mental. Pero nunca por sentirse solo, nunca por tristeza. El era especial, casi demasiado especial para ser humano y nunca lo sabría.
Esa misma noche como casi todas, Joseph peleaba con su conflictiva memoria, pedazos de recuerdos imposibles de unir o relacionar de alguna forma. Un espejo, tal vez una vela, sombras, gritos y llanto.
Después de su exhaustiva pelea consigo mismo se acercaba a las escaleras de el pórtico, se paraba sonriente en dirección hacia el bosque y solo decía: – Soy demasiado fuerte incluso para ser vencido por mi mismo –
Reía irónicamente, tomando el lado positivo de su maldición, convirtiéndola en su bendición, aferrándose de ideologías inexistentes, de esperanzas invisibles, de las cuales estaba consciente y aun así el no caería, amenos no por sí mismo.
Sus palabras parecían haber sido llevadas por el viento hasta lo más profundo del bosque, donde no había una sola alma, al menos no con vida.
De pronto, una tormenta parecía avecinarse, pero sin nube alguna, el viento soplaba tan fuerte como para nublar la visión y no había relámpagos reflejados en el cielo, pero el sonido de ellos gobernaba todo, eran demasiado fuertes. Joseph entro a la casa rápidamente. No llego a las escaleras donde su tía ya estaría esperándolo.
Lucia pálida, con una preocupación inmensa y a la vez el coraje podría verse en sus ojos. Comenzó a llorar.
¿Qué pasa tía? Nunca antes te había visto preocupada por una tormenta –
A lo que ella respondió – Toma tus cosas, esta noche te vas de esta casa y te pido que no te atrevas a preguntar porque, las cosas las sabrás a su tiempo, estarás bien mientras hagas todo lo que yo te ordene. –
– Pero que pasa? Acaso esto es alguna clase de broma? Si es por fumar…– no había terminado de hablar cuando recibió una bofetada, cosa que él nunca había sentido, un golpe de un ser querido, su tía nunca había sido capaz de algo así. Pero pronto los golpes serian algo a lo que tendría que acostumbrarse.
Joseph se quedo completamente estúpido, por así decirlo, y no menciono ninguna palabra mientras su tía le decía – Si hay algo que te servirá en esta vida es nunca cuestionarte dos veces, seguir tus instintos sean bien o mal vistos, tú fuiste hecho para mantener y tus acciones marcaran ese orden ya sean buenas o malas –
toma tus cosas, tenemos 10 minutos te espero en el auto toma solo lo indispensable y no te tardes más de lo ya dicho –
Joseph subió a su habitación, como siempre obedecía lo que se le marcaba, tomo sus cosas de primera necesidad, algo de ropa y dinero que el tenia guardado.
En 5 minutos el se encontraba en el auto con su tía, ella sin esperar arranco lejos de la villa por detrás de la montaña lejos del bosque con dirección a la pequeña estación de tren que era muy poco usada por los escasos habitantes de alrededor.
Mientras conducía, ella le dio un boleto el cual le dijo – Es un boleto libre, sirve para cualquier tren a cualquier hora, esperaba nunca tener que usarlo, estuve tan cerca de lograrlo, solo necesitaba un año más – suspiro y continuo.

– Hijo mío, lo siguiente será muy confuso para ti, no será nada fácil pero tendrás que confiar en mí, y en ti mismo. Partirás hacia la ciudad, no te preocupes por mí, estoy segura de que nos veremos pronto y podré explicarte todo con más detalle, tengo un viejo amigo que te ayudara, pero tienes que buscar un lugar donde pasar las siguientes noches tu solo, no te preocupes el te encontrara, ya le eh avisado –
Algo raro y que paso por la mente de Joseph como cada pequeño detalle que notaba fue el ¿cómo alguien lo esperaría? si su Tía no tenía amigos, a menos no de los que hablara, y no había teléfono con el cual tuviera comunicación alguna.
Pero creo que al igual que yo se dieron cuenta de que tenia cosas más importantes de que preocuparse.
Incluso llego a dudar de la estabilidad mental de su tía, pero él nunca la desobedecería pasara lo que pasara por que sentía que debía hacerlo, sin importar si estaba mal o bien.
Sin que él lo notara el viento siguió aumentando y la noche se tornaba más oscura, como si un eclipse fuera dejando su penumbra desde el bosque con dirección hacia las montañas.
Llegaron a la estación la cual era de esperarse estaría vacía, y un tren de pasajeros tomando un pequeño descanso ya que no era costumbre esperar a nadie en esa zona y menos a esa hora. El último tren hacia la ciudad, el tren de media noche.
Su tía se despidió diciendo – no importa lo difícil o confuso que parezca, ya todo se aclarara para ti, pero primero tienes que confiar en mí, gracias por no cuestionarme se que debe ser difícil pero sé que te eh educado bien y preparado para todo, anda ve y no mires atrás, adiós hijo –
Dijo por última vez mientras Joseph se acerco a besar su frente y le sonrío mientras temblaba. – Te amo, gracias por todo – sin decir una palabra más subió al tren el cual puntualmente salió a las 12 a gran velocidad y sin notar que llevarían un pasajero mas dirigiéndose al otro lado de las montañas bajo ellas hacia la gran ciudad.
La penumbra poco a poco se torno Umbra dejando todo en tinieblas, gritos aterradores que nadie más escucharía, un frío que congelaría todo en esas montañas y voces melódicas que solo repetían – Corre, corre, ¿a dónde vas? ¿Acaso al fin del mundo iras? No hay lugar donde esconderse, al final ella te encontrara –
A lo que seguido de las palabras de la ya vieja Tía responderían – No tienes derecho alguno de interceder en su nombre, nunca nos detendrás, y algún día los tuyos acabaran – decía mientras el viento frío soplaba incansable y era envueltas en sombras hacia la nada.
Un solo grito de horror que nadie nunca escucho jamás, ¿entonces? Ese grito, ese sentimiento ¿existió en realidad? ¿Debería preocuparnos?
Joseph nunca notaria nada de lo que ocurriría en esos momentos. El tren había bajado la montaña y todo parecía normal.
El tren avanzaba rápido, parecía volar por las vías congeladas, pero eso es lo último que a Joseph le importaría, camino por el pasillo buscando un camarote vacío, lo cual no le fue difícil encontrar, susurros provenientes de otros camarotes cerrados lo aturdirían ya que no estaba acostumbrado a escuchar más de una voz a la vez.
Entro a su camarote y lo cerro, dejo su mochila a un lado de su asiento e intentaba mirar por su ventana lo que era difícil en oscuridad, una luz tenue y relajante iluminaba los compartimientos hechos para 4 pasajeros, suerte para Joseph que viajaba solo.
Muchas preguntas pasaban por su cabeza en ese momento, pero era más grande su temor de lo que ignoraba, es decir, para él la ciudad donde más personas habitaban y se relacionaban entre sí, era como para nosotros el país de las maravillas y hadas volando por todos lados. Solo tenía una idea, se imaginaba poco, otro poco lo conocía por fotografías, y leves recuerdos que tenia. Claro que no era nada tonto, sabía que era todo, para que servía y que hacer en muchos casos, pero nunca lo había llevado a la práctica eso sería su mayor preocupación en el momento.
Joseph tenía una forma rara de actuar, ya que se preocupaba por cosas insignificantes que podían marcar la diferencia entre una reacción y otra por cada acción tomada, le temía a lo que pudiera hacerlo dudar de sus decisiones, hasta este momento Joseph no conoce el miedo real, el horror, la desesperación; pero no estaría muy lejos de encontrarse con estos.
Pronto tocaría a su ventana el vigilante del tren, quién al darse cuenta de que la puerta estaba cerrada, entraría de todas formas.
¿Se encuentra todo en orden señor? Disculpe que haya entrado pero pensaba que este camarote venia vacío –
De hecho lo estaba, subí apenas en la estación pasada solo que no se encontraba nadie a quien pudiera entregarle mi boleto –
Dijo nervioso mientras alzo su mano sosteniendo el boleto que su tía le entrego.
El vigilante se quedo observando el boleto unos momentos, como si se hubiese quedado pensando en algo más y luego despertara de su pensamiento.
¿ocurre algo con el boleto? –
no, no es nada hijo, este no es tu camarote, pero no te preocupes no será problema ya que la mayoría vienen vacíos – dijo añadiendo
llegaremos a la ciudad en 6 horas, a las 4 de la mañana, el carro comedor está abierto si te da hambre, que pase buenas noches Joven – dijo por ultimo para retirarse
Joseph solo asintió con la cabeza y volteo de nuevo hacia la ventana, intentando ver a través de ella, una vez más sin conseguirlo.
Abrió su mochila buscando sus cigarrillos, no los había traído consigo.
Se levanto, y salió del camarote, para ir a buscar cigarrillos al carro comedor.
En uno de los pasillos el tren se movió como si algo lo hubiera golpeado dejando a este sin luz.
Suerte para el que llevaba consigo su encendedor, antiguo de mecha y gasolina, plateado como la luna en sus noches de gala, lo había construido el mismo basándose en uno que le había visto a su tía.
Al encenderlo podría ver gran parte del pequeño y delgado pasillo rodeado de asientos la flama era muy grande, más que las convencionales, aunque tenía un defecto, que inoportuno se daría a notar en ese momento, la mecha se consumía rápido y tenía que cambiarla, pero los repuestos los guardaba en su mochila pero no se regresaría, el carro comedor ya se encontraba muy cerca o eso parecía.
Antes de abrir la puerta para el siguiente vagón escucho una voz, no distinguió lo que decía pero cruzo esperando fuera el vigilante o alguien que pudiera ayudarlo a encontrar el carro comedor y responder que había pasado con la luz.
Entonces al cruzar la puerta, pudo notar, ahora con la poca luz que entraría de afuera una figura en medio del vagón que sería igual que el anterior.
Una silueta de lo que parecía ser un hombre, muy grande y delgado con un sombrero antiguo sobre su cabeza, era extraño, demasiado alto para ser humano.
Disculpe, ¿podría ayudarme? Creo que estoy perdido, eh cruzado muchos vagones y no encuentro el carro comedor – dijo en voz un poco más alta pero temblorosa
La figura siguió caminando dejando caer un libro sin tomarle atención a Joseph y abrió la puerta del otro extremo dejando escapar una luz que dejaría ciego a cualquiera, su silueta, su sombra voltio la cabeza de lado dando su perfil y sonriendo, de una manera escalofriante.
Joseph corrió asía en medio para agacharse por el libro y antes de que este pudiera siquiera decir algo el hombre cerró la puerta del vagón, Joseph se levanto pero el tren volvería a tener el mismo golpe o turbulencia arrojándolo al piso de nuevo, con el que se golpearía y quedaría inconsciente.
Todo se volvió confuso, pasarían unas horas ¿tal vez? Joseph fue despertado por el vigilante del tren.
¿está bien señor? Creo que Eligio un lugar no muy cómodo para dormir, venga acompáñeme –
Joseph un poco confundido se levanta aun adormecido por el golpe y dice
lo siento, creo que me golpee mientras perseguía al señor de sombrero, olvido su libro –
El vigilante un poco confundido, – ¿disculpe señor? Pero aquí no hay nadie, estos vagones están vacíos, el carro comedor se encuentra en la dirección contraria estos vagones son los más fríos y son los últimos nadie los utiliza. No en esta ruta.
pero yo vi que el cruzo al otro vagón, debe haber alguien más – dijo Joseph aun aturdido.
–Debió ser un simple sueño señor, del otro lado no hay nada, este es el último vagón–
Dijo riendo simpáticamente al escuchar su historia; Se levantó rápido a la puerta que no cruzó, la abrió y eh ahí con sus propios ojos, el tren andando y sin otro vagón que siguiera, estaba frío y oscuro. Pero ya no tanto como estaba antes, era normal.
El vigilante lo tomo del brazo, – acompáñeme por favor, lo llevare a un lugar más seguro – dijo mientras me asía a un lado, miro al exterior y cerró la puerta.
De pronto volteo a todos lados pero no pude encontrar el libro.
-¿Que fue lo que paso?- Se pregunto
Llego a su camarote de nuevo, seguía mareado y confundido por todo lo que estaba pasando, una pequeña risa salió de sus labios antes de volver a caer dormido.
Joseph no sabía que esa sería la última vez que volvería a probar la paz en mucho tiempo. Despertó con el ruido de el tren, 4:12 de la madrugada y ya se encontraba en la ciudad. Miro por la ventana y vio la estación, más grande y con poca gente, como sea era mucha para él.
Bajo de el tren, como si nada hubiese pasado, estaba a punto de amanecer, Joseph recordaba que debía pedir indicaciones en alguna casilla de información, necesitaba encontrar donde alojarse.
Busco la casilla de información, guiándose por letreros en las paredes y alejándose de donde se encontraba toda la gente, bueno casi toda.
Llegando a la casilla había un letrero que decía “Vuelvo en 10 minutos”
Joseph se sentó en una banca que se encontraba a un lado, vio tirada en el piso una caja con cigarrillos la cual aún le quedaban un par de ellos.
Tomo uno, dejo la caja en su lugar, cambio la mecha de su encendedor y lo prendió.
Al fin, un respiro, delicioso sabor del tabaco por la madrugada. Era de los pocos placeres de la vida que Joseph apreciaba.
No paso mucho tiempo cuando se escucharon voces, eran personas, venían detrás de la estación doblando hacia donde él se encontraba donde terminaba la punta del tren.
Eran personas con imagen hostil y al parecer no solo tenían la imagen, molestaban a otro individuo que parecía traer uniforme, se veía muy alineado, este les pedía incontables veces que lo dejaran en paz, pero estos seguían golpeándolo, empujándolo y riéndose.
– ¿donde guardas el dinero amigo? – le decían mientras reían
–No tengo dinero, se los juro – dijo temeroso el otro individuo.
La discusión siguió, con lo mismo. Joseph trato de ignorarlo ya que no era su asunto, y es lo que sentía era lo más correcto.
La persona pidió ayuda pero Joseph no lo tomo en cuenta, la discusión se torno más agresiva pero era difícil de escuchar ahora por el ruido que provocaba en tren que ya iba de salida. Empezaron a golpearlo esta vez más fuerte ya artos de jugar con él.
El individuo, también cansado se levanto, y sin mirar tiro un golpe dando directo en la cara del sujeto que parecía tener el control de la situación.
Este pareció perder el control por unos segundos y su ira no lo dejo ver más allá de sí mismo y comenzó a empujar al sujeto varias veces y empuño una barra de metal que traía consigo. El sujeto dio un último paso hacia atrás, dejándolo sin camino y cayendo directamente a las vías golpeando su cabeza, los sujetos al ver que el tren comenzaba a arrancar, salieron corriendo sin dejar rastro.
Rápido se levanto cuando sucedió para observar, pero se acerco demasiado… lo suficiente para que el tren el cual salía a toda velocidad lo rociara con una brisa roja y tibia, otra vez se encontraba confundido sin saber que sentir sin expresión en su rostro.
Con el cigarrillo en su boca bañado en sangre y un cadáver esparcido en su alrededor.
Fue el único espectador. Nadie estaba cerca para notarlo, ¿como se supone que reaccionaria ante una situación de ese nivel? A pocos minutos de haber llegado a un mundo completamente nuevo este se colapsaría.
El humo continuaría saliendo de su boca, mientras este temblaba. Joseph seguía sin expresión alguna.
Un hombre en la estación se acerco a él – Disculpe señor ¿puedo ayudarlo? –
Este se percato de lo ocurrido comenzando a pedir ayuda a gritos, parecía que nadie lo escucharía, mientras ponía sus brazos sobre los hombros nerviosos de Joseph guiándolo hacia la banca donde este estuvo sentado.
Joseph parecía estar en shock, pero solo le preocupaba una cosa. No conseguir un lugar para hospedaje antes del amanecer.
El cielo comenzaba a aclararse, y el solo podía pensar en dormir y así despertar de la realidad. Era demasiado para una noche. Sus ideas estaban tan revueltas que su cerebro parecía haber sido licuado una y mil veces y vertido en su lugar.
Personas comenzaron a juntarse a su alrededor, luces, voces que lo aturdirían. Pero aun así, éste no tenia expresión alguna, se veía muy normal, pero sus nervios lo delataban al temblar.
Era raro e irónico, era la primera vez en su vida que este se encontraba rodeado de tantas personas y la primera vez también que se sentía completamente solo.

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